Estás andando tranquilamente por el campo, encuentras un paisaje precioso y quieres hacer una foto para inmortalizar el momento. Preparas la cámara con el temporizador, te pones guapetón con tu pareja y… zas! resulta que aparece una ardilla curiosa que le ha gustado tu cámara justo en el momento en el que se produce el disparo. Resultado: una ataque de risa, la foto de tu vida y una anécdota que nunca olvidarás.
Entradas Relacionadas:

