El nivel de estupidez de los jefes se recupera


Buenísimo artículo de Lucy Kellaway en The Financial Times donde se confirma una vez más que la realidad supera la ficción (sobre todo en estupideces):

Estamos ante el fin del mercado bajista en el número de estupideces que cometen los jefes. La semana pasada, me topé con dos indicios que apuntan a que el breve flirteo de los ejecutivos con la sensatez, que empezó el día en el que presenciaron los primeros despidos en Lehman Brothers, se ha acabado.

Es momento de superar todos los récord de estupidez. Un amigo que trabaja en una gran multinacional me contaba que, cuando llegó el otro día a la oficina, el departamento de RRHH de su empresa había dejado una botella de agua en las mesas de todos los trabajadores del edificio de once plantas, a las que acompañaba una pequeña tarjetita en la que había dibujados una serie de gotas en diferentes tonalidades, del amarillo al ocre. Éstas representaban el color de la orina dependiendo de la cantidad de agua consumida.

La iniciativa pretendía ser una invitación a los empleados a beber más. Según se decía en la tarjeta, los trabajadores con mayor nivel de deshidratación son menos productivos. Éste es el ejemplo más extremo de intromisión en asuntos que no son de su incumbencia que he visto en un departamento de RRHH. Desde mi experiencia, incluso los niños desde las edades más tempranas saben perfectamente si están deshidratados. Cuando tienen sed, beben. Tan sencillo como eso. Por lo menos, la dichosa tarjeta amarilla, aunque pueda resultar ofensiva y ridícula, tiene que haber salido barata.

Una iniciativa más costosa que nos recuerda que los jefes han recuperado el nivel de estupidez anterior a la crisis proviene de una empresa aún más conocida. El mes pasado, esta compañía mandó a todo su equipo directivo a EEUU durante una semana para hacer un curso con el Instituto del Futuro sobre las diez técnicas más importantes para prosperar.

La primera de éstas se conoce como el “Instinto creativo”, definido como “la capacidad de convertir nuestro impulso creativo natural en una habilidad que defina nuestro futuro y nuestra relación con los demás”. Dado que es dificilísimo saber a qué habilidad se refieren, resulta imposible distinguir si uno tiene o no esa habilidad. A los futuros líderes también se les invita a trabajar su “bioempatía”, “la capacidad de identificarse con la naturaleza y de entender, respetar y aprender de sus costumbres”. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, que algunas especies animales se comen a sus crías, sólo nos cabe esperar que nuestros directivos no se tomen al pie de la letra este consejo.

Otra de las técnicas se denomina “Transparencia Tranquila” o la “capacidad de mostrarse abierto y realista sobre lo que nos importa, pero sin llegar a revelar cómo somos”. Ésta es la menos viable de todas. En el futuro, los gestores de éxito tendrán que seguir dándose el mismo bombo que ahora.

Durante cinco días completos ninguno se atrevió a decir: esto es una auténtica estupidez. Todos se callaron y siguieron los consejos sin poner trabas. El motivo de que esta actitud resulte tan escandalosa es que no se trata precisamente de una vieja empresa. Es una multinacional respetada y temida, famosa por contratar a los mejores, quienes, si se parasen a pensarlo cinco minutos, seguramente concluirían que las características del liderazgo en el futuro serán las mismas que en la actualidad.

Estas implican fijar la estrategia adecuada y después ejecutarla, lo que a su vez exige rasgos bien conocidos como inteligencia, decisión y rigor.

Se habrán dado cuenta de que no he nombrado a ninguna de las empresas. Esto se debe a que, pese a que es posible que el mercado bajista de sandeces haya terminado, ese no es el caso del mercado bajista del valor. En la actualidad, el miedo y la paranoia están aún más presentes en la vida empresarial que hace un año. Cada una de las personas que me contó su historia me pidió que no diera pistas sobre la identidad de su empresa. Sabían que, de descubrirse, habría una ejecución pública. Ninguno de ellos albergaba dudas sobre cuál será la principal aptitud de liderazgo en el futuro: la habilidad para conservar tu empleo.

Vía: Expansión

Estamos ante el fin del mercado bajista en el número de estupideces que cometen los jefes. La semana pasada, me topé con dos indicios que apuntan a que el breve flirteo de los ejecutivos con la sensatez, que empezó el día en el que presenciaron los primeros despidos en Lehman Brothers, se ha acabado.

Es momento de superar todos los récord de estupidez. Un amigo que trabaja en una gran multinacional me contaba que, cuando llegó el otro día a la oficina, el departamento de RRHH de su empresa había dejado una botella de agua en las mesas de todos los trabajadores del edificio de once plantas, a las que acompañaba una pequeña tarjetita en la que había dibujados una serie de gotas en diferentes tonalidades, del amarillo al ocre. Éstas representaban el color de la orina dependiendo de la cantidad de agua consumida.

La iniciativa pretendía ser una invitación a los empleados a beber más. Según se decía en la tarjeta, los trabajadores con mayor nivel de deshidratación son menos productivos. Éste es el ejemplo más extremo de intromisión en asuntos que no son de su incumbencia que he visto en un departamento de RRHH. Desde mi experiencia, incluso los niños desde las edades más tempranas saben perfectamente si están deshidratados. Cuando tienen sed, beben. Tan sencillo como eso. Por lo menos, la dichosa tarjeta amarilla, aunque pueda resultar ofensiva y ridícula, tiene que haber salido barata.

Una iniciativa más costosa que nos recuerda que los jefes han recuperado el nivel de estupidez anterior a la crisis proviene de una empresa aún más conocida. El mes pasado, esta compañía mandó a todo su equipo directivo a EEUU durante una semana para hacer un curso con el Instituto del Futuro sobre las diez técnicas más importantes para prosperar.

La primera de éstas se conoce como el “Instinto creativo”, definido como “la capacidad de convertir nuestro impulso creativo natural en una habilidad que defina nuestro futuro y nuestra relación con los demás”. Dado que es dificilísimo saber a qué habilidad se refieren, resulta imposible distinguir si uno tiene o no esa habilidad. A los futuros líderes también se les invita a trabajar su “bioempatía”, “la capacidad de identificarse con la naturaleza y de entender, respetar y aprender de sus costumbres”. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, que algunas especies animales se comen a sus crías, sólo nos cabe esperar que nuestros directivos no se tomen al pie de la letra este consejo.

Otra de las técnicas se denomina “Transparencia Tranquila” o la “capacidad de mostrarse abierto y realista sobre lo que nos importa, pero sin llegar a revelar cómo somos”. Ésta es la menos viable de todas. En el futuro, los gestores de éxito tendrán que seguir dándose el mismo bombo que ahora.

Durante cinco días completos ninguno se atrevió a decir: esto es una auténtica estupidez. Todos se callaron y siguieron los consejos sin poner trabas. El motivo de que esta actitud resulte tan escandalosa es que no se trata precisamente de una vieja empresa. Es una multinacional respetada y temida, famosa por contratar a los mejores, quienes, si se parasen a pensarlo cinco minutos, seguramente concluirían que las características del liderazgo en el futuro serán las mismas que en la actualidad.

Estas implican fijar la estrategia adecuada y después ejecutarla, lo que a su vez exige rasgos bien conocidos como inteligencia, decisión y rigor.

Se habrán dado cuenta de que no he nombrado a ninguna de las empresas. Esto se debe a que, pese a que es posible que el mercado bajista de sandeces haya terminado, ese no es el caso del mercado bajista del valor. En la actualidad, el miedo y la paranoia están aún más presentes en la vida empresarial que hace un año. Cada una de las personas que me contó su historia me pidió que no diera pistas sobre la identidad de su empresa. Sabían que, de descubrirse, habría una ejecución pública. Ninguno de ellos albergaba dudas sobre cuál será la principal aptitud de liderazgo en el futuro: la habilidad para conservar tu empleo.

Estamos ante el fin del mercado bajista en el número de estupideces que cometen los jefes. La semana pasada, me topé con dos indicios que apuntan a que el breve flirteo de los ejecutivos con la sensatez, que empezó el día en el que presenciaron los primeros despidos en Lehman Brothers, se ha acabado.

Es momento de superar todos los récord de estupidez. Un amigo que trabaja en una gran multinacional me contaba que, cuando llegó el otro día a la oficina, el departamento de RRHH de su empresa había dejado una botella de agua en las mesas de todos los trabajadores del edificio de once plantas, a las que acompañaba una pequeña tarjetita en la que había dibujados una serie de gotas en diferentes tonalidades, del amarillo al ocre. Éstas representaban el color de la orina dependiendo de la cantidad de agua consumida.

La iniciativa pretendía ser una invitación a los empleados a beber más. Según se decía en la tarjeta, los trabajadores con mayor nivel de deshidratación son menos productivos. Éste es el ejemplo más extremo de intromisión en asuntos que no son de su incumbencia que he visto en un departamento de RRHH. Desde mi experiencia, incluso los niños desde las edades más tempranas saben perfectamente si están deshidratados. Cuando tienen sed, beben. Tan sencillo como eso. Por lo menos, la dichosa tarjeta amarilla, aunque pueda resultar ofensiva y ridícula, tiene que haber salido barata.

Una iniciativa más costosa que nos recuerda que los jefes han recuperado el nivel de estupidez anterior a la crisis proviene de una empresa aún más conocida. El mes pasado, esta compañía mandó a todo su equipo directivo a EEUU durante una semana para hacer un curso con el Instituto del Futuro sobre las diez técnicas más importantes para prosperar.

La primera de éstas se conoce como el “Instinto creativo”, definido como “la capacidad de convertir nuestro impulso creativo natural en una habilidad que defina nuestro futuro y nuestra relación con los demás”. Dado que es dificilísimo saber a qué habilidad se refieren, resulta imposible distinguir si uno tiene o no esa habilidad. A los futuros líderes también se les invita a trabajar su “bioempatía”, “la capacidad de identificarse con la naturaleza y de entender, respetar y aprender de sus costumbres”. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, que algunas especies animales se comen a sus crías, sólo nos cabe esperar que nuestros directivos no se tomen al pie de la letra este consejo.

Otra de las técnicas se denomina “Transparencia Tranquila” o la “capacidad de mostrarse abierto y realista sobre lo que nos importa, pero sin llegar a revelar cómo somos”. Ésta es la menos viable de todas. En el futuro, los gestores de éxito tendrán que seguir dándose el mismo bombo que ahora.

Durante cinco días completos ninguno se atrevió a decir: esto es una auténtica estupidez. Todos se callaron y siguieron los consejos sin poner trabas. El motivo de que esta actitud resulte tan escandalosa es que no se trata precisamente de una vieja empresa. Es una multinacional respetada y temida, famosa por contratar a los mejores, quienes, si se parasen a pensarlo cinco minutos, seguramente concluirían que las características del liderazgo en el futuro serán las mismas que en la actualidad.

Estas implican fijar la estrategia adecuada y después ejecutarla, lo que a su vez exige rasgos bien conocidos como inteligencia, decisión y rigor.

Se habrán dado cuenta de que no he nombrado a ninguna de las empresas. Esto se debe a que, pese a que es posible que el mercado bajista de sandeces haya terminado, ese no es el caso del mercado bajista del valor. En la actualidad, el miedo y la paranoia están aún más presentes en la vida empresarial que hace un año. Cada una de las personas que me contó su historia me pidió que no diera pistas sobre la identidad de su empresa. Sabían que, de descubrirse, habría una ejecución pública. Ninguno de ellos albergaba dudas sobre cuál será la principal aptitud de liderazgo en el futuro: la habilidad para conservar tu empleo.


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